Così mi curò Zaracastro

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Hugo Chávez non cambia dottore. E nonostante gli inviti provenienti dal Brasile – ovvero dalla clinica nella quale tanto Dilma Rousseff quanto il presidente del Paraguay, Fernando Lugo, hanno di recente combattuto e vinto il cancro – torna all’Avana per seguire le cure chemioterapiche, indispensabili dopo la complicata operazione resasi necessaria, all’inizio di giugno, dopo la scoperta di un ascesso pelvico, poi rivelatosi frutto d’un tumore maligno la cui esatta ubicazione non è stata rivelata. Non poteva essere altrimenti. Nei giorni successivi all’operazione, infatti, Chávez non aveva mancato di sottolineare la grande perizia con la quale era stato curato dai medici cubani e, soprattutto, il ruolo svolto dallo stesso Fidel Castro nella diagnosi del male di cui soffriva e nella scelta dei necessari interventi. Ispirato dalla lettura della più celebre tra le opere di Friedrich Nietzsche, nella quale si era immerso durante la convalescenza, il presidente bolivariano non ha esitato a paragonale Fidel a Zarathustra. O, più cristianamente, a un santo. Il tutto in contrasto con il piuttosto sinistro aggettivo – el merodeador, quello che si aggira furtivamenteda lui riservato a Raúl Castro.

Ubre Blanca, che di quella santità fu, a suo tempo, un luminoso prodotto e, insieme, una povera vittima, offre ai lettori di “A Cuba, nel frattempo…”, l’articolo con il quale su Café Fuerte, Wilfredo Cancio Isla, riassume la storia – con il medesimo Hugo Chávez nelle vesti di narratore – dei rapporti tra l’erede di Bolivar ed il dott. Castro (in seguito beatificato). Lo stesso Fidel Castro che, nei video presentati al pubblico nei giorni della prima convalescenza di Chávez – quando ancora nulla si sapeva sulla natura della sua malattia – era sembrato molto lontano dalle eroiche (o mistiche) descrizioni del presidente venezuelano. O meglio: era sembrato, pitoosto, un fragile vecchietto, a malapena consapevole della realtà che lo circondava. Ma le immagini, si sa, molte volte ingannano…

Da Café Fuerte

Por WILFREDO CANCIO ISLA

Castro no sólo fue el “médico superior” que detectó los primeros síntomas preocupantes en la salud de Chávez tras su llegada a La Habana, el pasado 8 de junio, sino que se involucró en los pormenores de la intervención quirúrgica como si fuera una tarea de Estado.

Según las propias palabras de Chávez, “Fidel tomó el mando”. Su presencia acompañó al mandatario venezolano durante la totalidad de los 29 días que permaneció en Cuba antes de retornar este lunes a Caracas.

“Yo estoy  rodeado de Fidel por todas partes”, confesó Chávez en una entrevista en vivo con la Mesa Redonda de la Televisión cubana, el pasado viernes. “Aquí tengo una carnita que la preparan allá mismo, ayer [jueves 30 de junio]yo comí un corderito que mandó Fidel, la tilapia anoche… Él mismo cría las tilapias”.

A partir de las imágenes divulgadas, queda claro que Chávez permaneció recluido en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ), institución dedicada a la atención de altos dirigentes y figuras de la élite gubernamental. Los envíos de referencia parecen señalar a Punto Cero, la residencia familiar de Castro en las afueras de La Habana, rodeada de áreas de cultivo y cría de animales.

El coronel Reynaldo Sánchez, ex escolta personal de Castro, recuerda que en la mansión del anciano líder había un estanque para cría de tilapias, bajo la atención de un oficial del Ministerio del Interior (MININT).

Desde Punto Cero

“Allí hay también una cría especial de carneros que atiende la guarnición de Punto Cero, allí mismo hay personal para sacrificar y preparar un carnero, así que lo más probable es que todas esas atenciones alimenticias con Chávez salieron de Punto Cero”, manifestó Sánchez, exiliado en Miami desde 2008.

Las confesiones de Chávez en su entrevista de 20 minutos con el presentador Randy Alonso revelan particularmente la dedicación absoluta de Castro al invitado enfermo. Y tal vez explican por qué el gobernante retirado no tuvo tiempo siquiera para atender al ex candidato presidencial estadounidense y viejo amigo George McGovern en su reciente visita a La Habana.

“Aquí tengo hasta el diccionario de Fidel, yo tenía dudas sobre una palabra y Fidel me mandó el diccionario de él”, relató Chávez a la Mesa Redonda.

Contó además que en una conversación telefónica con Daniel Ortega, el presidente nicaragüense le dijo que podía sentirse tranquilo respecto a su bienestar porque “Fidel está al mando, a la orilla”.

“Y es verdad, Fidel es mi médico superior”, prosiguió Chávez. “Ayer [jueves]se apareció aquí. Estaba terminando la rehabilitación (…) y de pronto me dicen los muchachos, ahí está Fidel, en la puerta”.

Contó que Fidel Castro se apareció en el lugar tan pronto terminó la transmisión del mensaje de Chávez al pueblo venezolano informando sobre su padecimiento de cáncer, la noche del jueves 30 de junio.

Raúl Castro, el merodeador

También lo visitó el gobernante Raúl Castro, a quien Chávez definió como “el merodeador”.

“El [Fidel] ya había visto la grabación de mi mensaje. Vino a comentármelo, después vino también Raúl. Yo llamo a Raúl el merodeador, porque Raúl merodea por ahí, él merodea y me dice, bueno, como Fidel va todos los días… Fidel es como el médico de la familia, yo no voy todos los días, Chávez… pero él [Raúl] anda por ahí por los pasillos. Pero, bueno, hablamos también con Raúl un rato anoche”, relató el mandatario venezolano, de 56 años.

La madrugada de este lunes, Raúl Castro  lo despidió junto a la escalerilla del avión que lo condujo de regreso a Caracas. Junto a Chávez viajó el equipo de médicos cubanos que estuvo encargado de su atención en la isla.

Chávez confirmó que inicialmente su visita a Cuba estaba planificada sólo para dos días de trabajo, sin prever las complicaciones ocurridas después, y recordó que la misma tarde de su llegada a La Habana fue a visitar a Fidel.

Fue justamente durante la reunión con el líder cubano cuando sintió de repente un dolor muy fuerte que le obligó a ponerse de pie. Así comenzó el escrutinio de Castro, con la misma “mirada de águila” con que lo examinó en su primera visita a La Habana hace más de 20 años.

“Y empezó a preguntarme como un padre a un hijo, y comenzó a preguntar y a llamar médicos, tomó el mando pues”, relató. “Si no es por Fidel, ni se sabe en qué laberinto estaría yo en este momento, compañeros”.

Chávez confesó que en ese momento ya “presentía algo” sobre su enfermedad, pero temía que cualquier dictamen médico lo inhabilitara para su inmediato regreso a Caracas, donde debía ser el anfitrión de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y presidir los festejos por el bicentenario de la independencia venezolana.

Pero los planes cambiaron radicalmente y tuvo que someterse de urgencia a la primera operación para eliminar un “absceso pélvico”, el 10 de junio.

Leyendo a Nietzsche con el diccionario de Fidel

“Entonces Fidel me hizo una reflexión profunda sobre los deberes de un revolucionario, me puso a reflexionar y el mismo Raúl llamó y dijo, mira, consulta esta noche y puso la hora y todo”, rememoró Chávez.

Aunque tras la primera intervención quirúrgica Chávez pensaba retornar a Caracas, comenzaron a surgir sospechas sobre los orígenes de su afectación. Se decidió realizarle exámenes clínicos más exhaustivos, que confirmaron la existencia de un tumor canceroso en la region pélvica.

La segunda intervención tuvo lugar el pasado 20 de junio y se prolongó por más de seis horas. Por los síntomas detectados y las escasas referencias ofrecidas por Chávez, los expertos consideran que se trata de un cáncer de colon.

“El vino en persona a darme la noticia”, rememoró Chávez. “Yo estaba ya listo para regresar a Caracas y entonces viene Fidel esa tarde inolvidable y nos sentamos y me da la terrible noticia, con Raúl al lado y la querida Dalia [Soto del Valle, esposa de Fidel Castro]”.

Fue Fidel Castro quien llamó personalmente a las hijas de Chávez – María Gabriela y Rosa Virginia- para ponerlas al tanto del padecimiento del padre, y se comunicó también con el canciller Nicolás Maduro y el vicepresidente Elías Jaua para informarles la noticia antes de que Chávez se enterara de que tenía cáncer.

“Y luego vino aquí con todo el plan, todas las opciones  y me dijo, bueno te dejamos solo para que pienses, pero, Chávez, aquí no hay más opción que una segunda operación con estos riesgos, uno, dos, tres y cuatro… Y hay que hacerla ya”, narró el presidente, quien aseveró que esta enfermedad lo va a fortalecer en lo personal.

“Estoy en un proceso de reflexiones, de lecturas, aquí estoy leyendo (…)  Así habló Zaratrusta, del gran [filósofo alemán Friedrich] Nietzsche. Y con el diccionario de Fidel en la mano, estaba tomando notas precisamente”, manifestó.

Escrita entre 1883 y 1885, Así habló Zaratrusta es una reflexión sobre la vida y la naturaleza del hombre. Nietzsche recrea la figura de un ermitaño que vive recluido en una montaña y que abandona su retiro con la voluntad mesiánica de mezclarse con el pueblo y comunicarle el fruto de su conocmiento.

“Yo le decía a Fidel ayer, mira, me llegó Zaratrusta de nuevo, porque Fidel es como un Zaratrusta, como un santo, un San Fidel”, afirmó Chávez.

 

 

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